Educar vs Adiestrar

Por qué entender la conducta es la base del cambio

Educación vs Adiestramiento

¿Buscas adiestrador canino en Almería?

Si tu perro tiene problemas de comportamiento, antes de decidir qué profesional necesitas es importante entender que adiestrar y educar no es lo mismo: 

  • El adiestramiento enseña comandos.
  • La educación trabaja las causas de los problemas de convivencia.

Si quieres profundizar sobre esta diferencia, sigue leyendo. 

Adiestrar: enseñar conductas

Adiestrar (hacer diestro en algo) implica enseñar al perro a ejecutar determinadas conductas ante un estímulo concreto, como una orden verbal o un gesto. Por ejemplo: siéntate, túmbate o ven.

 

Son conductas útiles en la convivencia diaria. Un perro que responde a la llamada puede disfrutar de más libertad, porque podría estar sin correa en los contextos en que se permita. O en el veterinario, si puede tumbarse y permanecer quieto, se evita la sedación.

 

El adiestramiento se fundamenta en los principios del aprendizaje —condicionamiento clásico y operante—. El perro aprende que, ante un estímulo, si ejecuta una conducta, hay una respuesta del entorno. 

 

Premiando las conductas deseadas se consigue reforzarlas, moldeando así el comportamiento.

Cuando la emoción toma el control

¿Qué ocurre cuando no se tiene en cuenta el estado emocional del perro, su naturaleza, instintos, necesidades? 

 

En el mejor escenario, el perro sigue obedeciendo, pero acumula presión y estrés hasta que no puede manejarlo, como una olla a presión. Entonces, esa tensión se traduce en “desobediencia” o en otros problemas de conducta.

Al final, tenemos un perro que, ante el más mínimo estímulo, se dispara con una reacción desproporcionada. Y los profesionales escuchamos a los tutores decir: “Se ha vuelto desobediente”, “se ha vuelto reactivo”, "ya no me hace caso".

 

Si lo llevamos al contexto humano: Imagina que caminas de noche por una calle desierta y suena un petardo. Si estás tranquilo, te sobresaltas. Pero si ya ibas con miedo o en alerta, puedes entrar en pánico o salir corriendo.
Si alguien a tu lado te pide que te tumbes —lo que te dejaría en una posición vulnerable—, probablemente no lo harás, ni aunque te ofrezca 100 € a cambio.

 

Cuando el miedo o el estrés toman el control, no hay aprendizaje posible. La emoción secuestra la cognición, generando conductas típicas de huida, lucha o bloqueo.

Educar: Enseñar a convivir

Por eso el adiestramiento se queda corto. Y por eso a muchos profesionales nos llegan tutores frustrados y desfondados, después de haber probado métodos que solo han servido como parches temporales.

Educar va mucho más allá de enseñar comandos.


Incluso dejando a un lado la ética y el bienestar animal, centrándonos solo en lo pragmático, educar es enseñar a convivir: acompañar el desarrollo emocional y cognitivo del perro, ayudarle a comprender su entorno y a gestionar sus emociones. Porque todo ser vivo necesita mantener un equilibrio homeostático que le permita adaptarse, aprender y vivir con estabilidad.

 

Educar implica dotar al perro de herramientas para convivir en un entorno humano de manera equilibrada; construir un sistema de comunicación consciente con su tutor y su familia, donde la parte humana comprenda y respete la naturaleza canina, y donde el perro se sienta seguro, comprendido y guiado en un mundo que no le es natural.

Cómo NO aprende un perro

Llevando esto al contexto humano: si te mudas a un país donde no conoces el idioma ni la cultura, estarás en un nivel de estrés que no facilita el aprendizaje. Del mismo modo, un perro solo puede aprender cuando su sistema nervioso está en calma y su entorno le resulta comprensible, coherente, consistente y predecible.

 

Y, retomando el asunto de la obediencia, tan malo es el exceso como el defecto. He visto perros tan condicionados por la obediencia que quedan bloqueados. Cuando se socava su autonomía, aparece la inseguridad. Y esa inseguridad genera estrés, que muchas veces desemboca en miedo, con todo lo que ello implica.

Comprender antes de intervenir

En educación canina —como en todo en la vida—, la base es comprender qué motiva la conducta.

 

Si vas por la calle y alguien comienza a gritarte de repente, lo primero que pensarás es: ¿Por qué?
Del mismo modo, cuando un tutor me pide ayuda porque su perro ladra en exceso y los vecinos se quejan, primero analizo las causas: ¿Es ansiedad?, ¿Estrés?, ¿Aburrimiento y búsqueda de atención?, ¿Sucede siempre o solo cuando se queda solo? Sin comprender la función que esa conducta tiene para el perro, ¿tiene sentido darle una orden para que deje de ladrar?

Adiestrar y educar: una diferencia profunda

La diferencia entre adiestrar y educar no es semántica: es de fondo.

El adiestramiento enseña conductas. La educación analiza las causas de la conducta para establecer un diagnóstico y elaborar una intervención adaptada a cada caso.

El enfoque ODI: observar, diagnosticar, intervenir

En Educa Perrunamente trabajo en Almería (presencial y online) desde lo que llamo el método ODI, tres palabras que resumen una forma distinta de entender la convivencia:

  • Observar, para comprender cuáles son las causas, más allá del síntoma.
  • Diagnosticar, no para etiquetar, sino para seleccionar la estrategia adecuada.
  • Intervenir, con un plan adaptado a cada caso, sostenible y eficaz, y acompañado de un proceso profesional basado en la empatía y el conocimiento.

Tanto si buscas un educador como un adiestrador canino, lo importante es trabajar desde las causas de la conducta. Cuando se trabaja así, la obediencia deja de ser un objetivo: aparece como consecuencia natural del vínculo y la confianza.


Tu perro te sigue, y tú le guías, porque confía en ti.

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